So it begins…

Estos días la gente sospecha mal de un escritor que no posee un blog. Muchos allegados comenzaban ya a preguntarse , ¿por qué no escribe, si predica la escritura como modus vivendi?, ¿por qué escribir ensayos, artículos, ficciones y minificciones de toda calaña y no dedicarle una hora de su día de treinta y seis horas a un medio mucho más aceptable y menos complejo que el de la publicación editorial?, porque, sí, es un hecho, el blog nos ha aproximado brutalmente a la autopublicación masiva sin tener que desenfundar billetes y billetes para pagar horas extra a un editor que finalmente va a devorar con marcador rojo brillante toda la idea original del texto, para que a final de cuentas nuestro trabajo aparezca en un amarfilado barato de gramaje ligero en una pasta blanda que terminará arrinconada en el botadero de diez pesos la pieza. Pero no, publicar aquí no es el resultado de ninguna presión social ni de un desacuerdo con las políticas editoriales literarias, debo aclarar. No soy un revolucionario ni rojo, ni verde, ni monocromático o fascista, ni democrático, ni liberal, ni anarquista o evangelista. No creo ser del tipo de los que persiguen la causa social para pisarle la cola, ni me considero un divulgador filosófico o científico que busque el galardón. Esta página es, como muchas otras semejantes, el ocio de vida traducido en caracteres más o menos legibles con trama incierta y finalidad nula. Es, y no es mucho al mismo tiempo, por decirlo de alguna manera.

Escribo porque necesito escribir, y porque todos en algún momento de nuestras vidas deberíamos necesitar escribir por uno u otro motivo. Si nunca lo hemos hecho, no siendo analfabetas, es porque, o somos políticos nacionales, o hemos devenido criaturas con cabeza de árbol de corcho en lugar entes con cerebros de pulpa para papel. Finalmente, muchos acordarán en que un escritor es apenas distinto de un esquizofrénico con un poco de control sobre sus imaginaciones. Yo, por otra parte, estoy en desacuerdo conmigo mismo. Escribir, cualqueira escribe. De allí que los estudiantes de literatura se lleven el saco repleto de comentarios acerca de la inutilidad de aprender a hacer aquello que a todos nos enseñan en la escuela primaria. Pero ser un escritor, mutar en un escritor como el pollo KFC muta en nuestro refrigerador en un pequeño microcosmos habitado, toma tiempo. Envejecer un escritor, crecer un escritor requiere de práctica, de control y sobretodo de criterio. Y digo esto no por creerme o saberme uno, sino precisamente porque sé lo que es no ser uno y buscar serlo por todos los medios.

Por lo tanto, para saber escribir, escribimos. Escribamos, pues, porque nunca he visto ni sabido de un escritor que no escriba, y de paso que no lea, como nunca he sabido de un ojo que tenga ojos…

ojosinojo

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